No podía creer lo que estaba oyendo. Aquello no tenía ningún sentido.


Otra semana más, otro finde rutinario más.

Lo cierto es que últimamente Álex andaba algo falto de motivaciones. Hacía días que no pisaba la facultad —estudiaba Administración y Dirección de Empresas—, pues había perdido todo interés por los estudios a medida que pasaban los años. Ni siquiera había tenido ganas de ir demasiado al gimnasio, pues no soportaba estar encerrado allí dentro durante más de una hora debido al calor sofocante de aquel verano que se prolongaba. Así, había pasado la semana y ni siquiera sabía en qué había invertido exactamente su tiempo. Sí, había visto un par de temporadas completas de algunas series que seguía en Netflix, había salido a tomar algo con sus amigos y había estado navegando a través de las infinitas redes sociales de su móvil pero, de algún modo, últimamente tenía la sensación de que su vida se había vuelto algo hueca.

Lo que más le había sorprendido aquella semana, sin embargo, era descubrirse a sí mismo pensando en aquel chico al que había conocido el viernes anterior: Hugo, el chico que había desaparecido sin dejar rastro y del que no tenía dato alguno más allá de su nombre y el recuerdo de aquel fugaz encuentro en el pub.

Álex, que no solía dar importancia a aquellas cosas, se sentía algo enfadado consigo mismo al descubrirse pensando en alguien que había pasado completamente de él. Aunque lo último que buscaba era el amor, y eso era algo que siempre había tenido muy claro —no estaba él para esas cosas, la vida le había demostrado lo falso que resultaba el amor romántico que el cine se empeñaba en idealizar—, le fastidiaba sentir aquella extraña atracción por aquel niño de apenas dieciocho años. ¿Qué le estaba pasando por la cabeza? Debía pasar de él y centrarse en otra cosa. Al fin y al cabo, Hugo así lo había hecho, se había escabullido en cuanto había podido sin decirle siquiera un adiós o un mira, creo que esto no va a funcionar.

A pesar de todo, Álex se había pasado los días navegando a través de los perfiles de Grindr revisando las fotos de los contactos, y en más de una ocasión se había dado cuenta de que había estado buscando el rostro de Hugo entre la ristra de selfies que copaban la pantalla de su móvil. Al darse cuenta de hasta qué punto le había afectado aquel encuentro frustrado, Álex había sentido una rabia que le había hecho bloquear de golpe el móvil y dejarlo caer sobre el sofá.

Seguramente le estaba bien empleado. Puede que aquello le estuviera afectando tanto precisamente porque había sido él a quien habían dejado con la miel en los labios. Normalmente era Álex quien perdía el interés pronto, aunque consideraba que él nunca se había comportado de una manera tan radical ni había dejado plantado a nadie; al menos no recordaba haber hecho algo así conscientemente. ¿Qué había llevado a aquel chico a salir corriendo en cuanto le perdió de vista? Hasta el momento todo había parecido ir sobre ruedas. Es más, a Álex le había parecido que Hugo estaba muy interesado en él. Por unos instantes llegó a pensar que quizá le habría ocurrido algo, que había tenido una urgencia, pero su experiencia en el ambiente le obligaba a pensar de la peor manera posible, por desgracia. Y es que, curiosamente, desde el mismo instante en que Hugo desapareciera, Álex comprobó que el capullo de Borja ya no se encontraba en el local. Puede que fuera una simple coincidencia, o que aquel cabrón hubiera arrastrado de nuevo a aquel chiquillo a su madriguera, como la serpiente que era.

En fin, el caso es que Álex no lograba desconectar del recuerdo de aquel chico, y eso le resultaba en cierto modo perturbador. Aquel viernes, tirado en el sofá, volvía a mirar el móvil con la absurda esperanza de encontrarse con Hugo entre el abarrotado escaparate de la aplicación de contactos. Con gran pereza pasó entre conversaciones inanes, fotos descafeinadas y toques sin respuesta.

Una vibración seguida de un característico sonido de aviso le indicó a Álex que acababa de recibir un mensaje. Con curiosidad abrió la pestaña de la página de conversaciones de la aplicación y comprobó que un perfil sin foto le había escrito. Normalmente hubiera ignorado el saludo de alguien que no se dignara a mostrar su cara en el perfil, pero el breve texto le llamó la atención:

 

Vaya, vaya, vaya…

 

Álex, con curiosidad, abrió la conversación y escribió:

 

Hola. ¿Te conozco?

 

La contestación tardó unos segundos en aparecer en pantalla, durante los cuales Álex observó la pantalla negra con el ceño fruncido, realmente intrigado. Por fin, la respuesta apareció impresa:

 

Ya lo creo que sí. ¡Además, eres toda una celebridad!

 

Confundido, Álex contestó:

 

De qué rollo vas? Qué dices?

 

Ay, Álex, Álex…

 

Estaba confirmado: quien diablos fuera aquella persona sabía su nombre. Por un momento Álex llegó a pensar si aquel chico no sería el propio Hugo sobre el cual había estado dando tantas vueltas en los últimos días, pero no, aquel tono misterioso y un tanto siniestro no resultaba muy propio del chico que había conocido una semana atrás. No tenía ganas de jugar a aquel juego, así que quiso dejarse de historias e ir al grano:

 

Se puede saber quién eres???

 

No hubo contestación en forma de texto. Lo que sí recibió Álex de pronto fue una retahíla de fotografías y no precisamente del chico que le estaba hablando. Eran fotos del perfil privado de Álex, y fue así que este se vio a sí mismo sin camiseta, algunas en poses provocativas, además de otras situaciones más cotidianas. A Álex se le removió algo en el estómago al ver aquello. Recordaba haber estado hablando con varios chicos durante los últimos días, y comprendió que a algunos les había mandado aquellas mismas fotografías. No estaba seguro de haber enviado tal cantidad de fotos a la misma persona, así que aquello resultaba de lo más sospechoso. ¿Qué clase de psicópata se había abierto varios perfiles para hablar con él y había guardado aquellas imágenes para ahora enviárselas de vuelta, desde un perfil distinto?

Para colmo, la pantalla de su móvil se ocultó de pronto tras un aviso de llamada. Un número oculto le estaba llamando en aquel preciso momento. ¿Qué coño estaba pasando? Álex dudó si responder a la llamada, pues aquel incidente estaba tomando un cariz bastante siniestro. No obstante tenía que averiguar qué estaba ocurriendo, por lo que, con el corazón a mil por hora y armándose de valor, Álex aceptó la llamada entrante.

—¿Quién eres? —preguntó, a bocajarro, tras descolgar el teléfono. La voz de su interlocutor tardó unos segundos en sonar, eso sí, tras una breve risa:

—Menudos modales te gastas.

Aquella voz.

De pronto, Álex lo entendió todo.

—Joder, tío. Eres un puto psicópata. ¿De qué vas? ¿Se puede saber qué coño te pasa?

—¿A mí? —Borja parecía estar disfrutando como un niño con una nueva Nintendo—. A mí no me pasa nada, solo soy un fiel admirador tuyo y quería hacértelo saber, tan simple como eso.

—¿Pero qué cojones dices? —Álex sentía una rabia y una incomprensión tremendas—. Estás como una puta cabra, tío.

—¿Yo? Vaya, y soy yo el que está como una puta cabra… Pues fíjate, puede que lo esté, pero al menos tengo suficiente cabeza como para mantener mi vida privada un poquito al margen de las redes, que no sé si lo sabes, pero las carga el diablo. Tómatelo como un consejo. Aunque claro… Uno no es una estrella, como lo puedes ser tú. A vosotros, los porn idols, lo que os gusta es luciros, ¿no es eso?

—Mira, capullo, no sé de qué coño estás hablando, así que no pienso aguantar ni un segundo más tus gilipolleces. Que te jodan.

—¡Ay, qué malhablado y qué poquito aguante tienes! Pero bueno, eso último ya lo descubrí el otro día. En fin, puedes colgar la llamada si te da la gana, pero creo que te interesa bastante lo que te tengo que contar.

—A mí no me importa una mierda lo que tengas que decirme. Ni me importas tú, ni tu puñetera vida.

—¡Pues para no importarte mi vida bien que te metiste de lleno en ella! —contestó Borja, en un tono divertido que contrastaba con sus propias palabras—. Y es que no tuviste bastante con Diego que también tuviste que intentar joderme a mí. Pero claro, yo era demasiado hombre para ti, lo entiendo perfectamente.

—¿Diego? —Álex se quedó un momento sin respiración—. ¿De qué coño hablas?

—¡Sí que olvidas tú pronto, sí! —rió Borja, de forma casi diabólica. Realmente se notaba que estaba pasándoselo en grande—. ¿Me quieres decir que ya no te acuerdas de Diego? Fíjate que ahí no estamos de acuerdo, creo que Diego es un chico lo suficientemente impresionante como para no olvidarse de él. Tiene muy buena polla y un tatuaje de lo más morboso. Me decepciona tu escasa memoria, parecías muy interesado en ambas cosas.

Álex creyó que, por un momento, se le paraba el corazón. ¿Estaba hablando de Diego, el chico del tatuaje? El chico del video erótico y… ¿novio de Borja?

—¿Quieres decir…

—¿Te preguntas si he visto tu video porno? —rió Borja—. ¿Por quién me tomas? ¡Por supuesto que lo he visto! Como digo, soy un grandísimo admirador tuyo. Y créeme, un documento como este merece estar al alcance de todo el mundo. ¡Qué poderío, qué sensualidad! Arte en estado puro. En serio, algo así podría dar mucho dinero, ¿no te lo has planteado?

Álex se levantó del sofá y empezó a caminar nervioso por todo el salón. No podía creer lo que estaba oyendo. Aquello no tenía ningún sentido. ¿Cómo podía Borja haber visto aquel video? No, aquello era imposible.

—Mira, no sé de qué coño vas, ni qué te ha contado Diego, pero es imposible que hayas visto ese video —dijo Álex atropelladamente, mientras su cabeza intentaba razonar—. Me importa una mierda vuestra vida, la de los dos, así que dejadme en paz.

—Ay, Álex, pero qué iluso eres. ¡Claro que lo he visto! Tu amiguito Alberto me ayudó a que no me perdiera semejante documento.

Álex dejó de caminar en seco.

—¿Qué? ¿Alberto?

—Lo que oyes. ¿No sabes que tu amiguito conoce tu contraseña de Apple? Sí, eso me dijo. Deberías agradecérselo, si no hubiera sido por él ahora no estaría aquí hablando de negocios contigo. ¿Sabes? Creo que tu video sería todo un éxito si lo colgáramos en una plataforma online, al alcance de todos. Sería casi como… ¡sí, un bien social! La verdad es que he estado a puntito de hacerlo antes, de subirlo a internet, pero claro, antes quería consultarte. ¡Qué menos que pedirle permiso a su autor! Eso sí, considerando que me debes una, tras dejarme a medias el otro día, quizá podrías ofrecerme alguna compensación por las gestiones, ¿no crees? Qué se yo, una ayudita económica.

—¿Me estás chantajeando? —se sulfuró Álex, quien no podía creer lo que estaba oyendo—. Mira, grandísimo hijo de puta, no sé si te das cuenta de que lo que estás haciendo se llama extorsión y es un delito. ¿Tú estás gilipollas o qué te pasa? ¡Cualquier juez dictaría sentencia contra ti! No puedes hacer algo así y salirte de rositas, ¿te enteras?

—¡Ay, Álex! —rió Borja de nuevo. No parecía en absoluto intimidado—. ¿En serio me estás acusando de extorsionarte? ¡Pero qué desconsiderado eres! De todas formas, no sé si te das cuenta de las consecuencias de lo que dices. ¿De verdad irías a la policía a denunciar el robo de tu video? ¿De verdad le harías eso a tu amigo Alberto, la persona que accedió irregularmente a tu cuenta online, sin tu permiso, para descargar tu información privada? ¡Vaya, eso dice mucho de ti! ¿En serio le harías eso a tu amiguito del alma? Como bien dices, Alberto podría acabar entre rejas. ¡Pobre chico! Quizá simplemente no lo aprecias tanto como dices en tu perfil. Amigo de tus amigos… ¿En serio? ¡Menudo topicazo!

Álex no daba crédito a lo que estaba sucediendo. ¿De verdad su amigo había podido hacer algo así? ¿Cómo se habían conocido Borja y Alberto? La cabeza le daba vueltas y hubo de volver a sentarse en el sofá. Las piernas le temblaban por el nerviosismo y la rabia que estaba acumulando.

—Tienes hasta el lunes para decidir cómo vas a compensarme —dijo Borja, en un tono mucho más serio—. Ya sabes, por liarte con mi novio en mi puta cara y por dejarme a medias el otro día. Si no obtengo respuesta… no te preocupes. Créeme, tengo bien cubiertas las espaldas, y el que va a pagar el pato es tu amigo Alberto. Al fin y al cabo, es él quien ha cometido el delito, ¿verdad? Él es el principal culpable de todo esto. Después de ti, claro…

—¡Eres un maldito hijo de puta retorcido!

—¡Le dijo la sartén al cazo! —dijo Borja, y todo rastro de diversión había desaparecido de su voz—. Tú eres el que vino a joderme primero, recuerda eso muy bien. No te quedaste conforme con ponerme los cuernos con mi novio, sino que encima te grabaste en video para alardear de ello con tus amigos. Aquí el primer hijo de puta lo has sido tú.

—¿Y tú no? —se defendió Álex—. ¿Acaso no ibas a ponerle tú los cuernos a Diego conmigo? ¡Eres un cínico!

—Lo que yo haga o deje de hacer con mi relación es cosa mía. El caso es que tú tomaste tus propias decisiones, siendo muy consciente de lo que hacías. Ahora, simplemente, acepta las consecuencias. Recuerda: tienes hasta el lunes. Puedes escribirme al perfil, ahí te estaré esperando. En fin, ¡que te vaya bonito!

Borja colgó la llamada en ese momento y Álex se quedó petrificado en el sofá, con el móvil en la mano, absolutamente en estado de shock. Sentía una sensación de irrealidad; apenas podía creer que aquello estuviera ocurriendo realmente. Solo unos minutos antes, su mayor preocupación había sido la desaparición súbita de Hugo, hacía una semana escasa; ahora, este se había convertido en el menor de sus problemas. De pronto, Álex había pasado a ser la víctima de un retorcido caso de extorsión, el cual involucraba, para su mayor estupor, la traición de su mejor amigo, algo absolutamente inesperado que, en solo un segundo, había vuelto su mundo completamente del revés.


¡Nuevo capítulo la próxima semana!

¿Quieres leer más? ¡Lee ya los próximos capítulos en papel o tu libro electrónico, móvil o tableta!