Pablo había quedado completamente desnudo frente a Borja, que lo observaba con muchísima excitación.


Pablo, alias Toni, también conocido como HetDiscreto25, salió de la habitación de Borja con el pánico grabado en la cara. Caminó en busca del baño, siguiendo las indicaciones del propietario de la casa, y allí se encerró, echando el pestillo, mientras el corazón desbocado intentaba salir de su cuerpo a través de la garganta como una rata huyendo de un incendio. Acto seguido, absolutamente nervioso, cogió el móvil que tenía en el bolsillo, y a punto estuvo de escurrírsele de las manos debido al ataque de nervios que llevaba encima. Con la otra mano comprobó, para su tranquilidad, que el pendrive que le había prestado Alberto seguía estando en su bolsillo. Luego buscó el número de Edu en el menú de llamadas recientes, tras lo cual pulsó con el dedo pulgar sobre su nombre. Segundos después, su amigo contestaba a través del auricular:

—¡Pablo! ¿Ocurre algo?

—¡Joder, joder, joder! ¡Claro que ocurre! —dijo, hablando en susurros e intentando contener el volumen de su voz, pues su estado de nervios le incitaba a hablar a voz en grito—. ¡Está saliendo todo mal! No tengo mucho tiempo. Estoy encerrado en el baño y él está en la habitación, en calzoncillos, ¡pajeándose!

—Tranquilízate, Pablo —intentó calmarlo Edu—. A ver, ¿has localizado el ordenador?

—Sí, lo tiene en el escritorio, ¡y adivina qué! ¡Está sin batería!

Edu había puesto el manos libres, por lo que Alberto pudo escuchar la conversación.

—¿Pero tiene el cargador? —intervino el especialista informático de aquella loca misión.

—¡Está en algún lugar del comedor, creo! No estoy seguro. ¿Qué coño hago?

—Tienes que buscar el cargador, es imprescindible… —le indicó Alberto, quien también parecía algo preocupado—. Si no enciendes el ordenador, el virus que le obligará a formatear el equipo no se podrá contagiar al sistema. ¡Tienes que conectarlo cuando esté la sesión iniciada!

—¿Y cómo coño lo hago? —se sulfuró Pablo—. ¡Si tardo mucho en volver a la habitación va a empezar a sospechar!

—Déjamelo a mí —dijo Edu, de pronto—. Tú aguanta unos instantes. Voy a intentar algo, ¿de acuerdo? Tú entretenlo un rato. Voy para allá.

—¿Vienes? Pero qué…

Edu colgó la llamada.

Pablo tragó saliva, sin comprender qué pretendía hacer su amigo. Calló unos instantes y escuchó los pasos que se acercaban desde la habitación.

—Toni, ¿va todo bien por ahí dentro? —preguntó Borja, al otro lado de la puerta—. Yo la tengo bien dura ya. Si necesitas ayuda, puedo ayudarte con eso. No te preocupes si…

—Un segundo, Borja. Salgo ya mismo —lo interrumpió Pablo.

¡Maldición! No podía demorarse más sin que Borja sospechara. Esperó unos segundos y disimuló pulsando el botón de la cisterna del retrete, fingiendo que acababa de terminar de mear. Mientras tanto, observó el bulto de su pantalón. Inconscientemente, de alguna manera retorcida, Pablo se sorprendió al comprobar que sentía cierta excitación sexual. Comprender aquello hizo que le diera vueltas la cabeza, una vez más.

—Toni…

—Voy, voy —Pablo descorrió el pestillo y abrió la puerta. Borja seguía en slips y miró a Pablo con el vicio grabado a fuego en los ojos, posando su vista en el paquete que empezaba a marcarse en su entrepierna.

—Vaya, parece que algo sí te has puesto, ¿no? —comentó, con una sonrisa lasciva—. ¿Acaso te pone cerdo el scat?

—¿El qué? —preguntó Pablo, sin comprender la jerga de Borja. No estaba para esas cosas.

—Da igual, ven aquí. Pienso dejarte seco.

Borja volvió a lanzarse sobre Pablo y lo arrastró de vuelta a la habitación. Este se dejó, sin saber muy bien qué hacer, mientras Borja lo besaba con fruición y palpaba todo su cuerpo. Pablo quedó tumbado en la cama mientras Borja se subía a horcajadas sobre él y le quitaba su camiseta, dejándolo desnudo de torso para arriba. Luego, pasó a desabrocharle por completo el pantalón. Pablo no supo como pararle sin despertar sospechas, así que se dejó hacer y ayudó a Borja en la tarea de quitarse el pantalón, junto a los calzoncillos. De pronto, Pablo había quedado completamente desnudo frente a Borja, que lo observaba con muchísima excitación. El pene de Pablo se hallaba medio erecto, y aquello le excitó a Borja aún más. Este último iba a llevar su mano hacia aquel miembro cuando sonó el timbre de la puerta del piso. Borja quedó sorprendido, y miró en dirección al pasillo.

—¿Se puede saber quién coño llama ahora? —preguntó, frustrado. Luego se volvió hacia Pablo—. Bueno, le pueden ir dando mucho por el culo.

—¿No vas a abrir? —preguntó él. El timbre había empezado a sonar con mucha insistencia.

—No espero visitas. Ya se irán.

—Pero, ¿y si es importante? —preguntó Pablo, desesperado.

—Será un vendedor, o unos Testigos de Jehová. ¡Yo que sé! Te digo que no espero visitas.

El timbre seguía sonando una y otra vez, de manera bastante estridente. Borja se fijó en que el miembro de Pablo perdía fuelle, por lo que interpretó que se sentía bastante incómodo en aquella tesitura. Así pues, farfullando y realmente enfadado, Borja se levantó de la cama, se puso el pantalón sin el slip debajo y salió al pasillo gritando:

—¡Ya voy, ya voy!

Pablo quedó a solas en la habitación. Comprendió que la persona que llamaba con tanta insistencia debía ser Edu, el cual intentaba distraer a Borja.

Era el momento de actuar. Debía darse prisa.


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